Cómo Ser El Creardor De Tu Vida

Quié Somos en Realidad y Cuál es Nuestra Esencia

Lo que si que es cierto es que nuestro interior y nuestra esencia, tiene que ser mucho más de lo que podemos ver con nuestros propios ojos.

Cuantas veces hemos sentido que ahí dentro de nosotros, hay algo muy especial que es superior…

Pero no nos hemos atrevido a comentarlo, por miedo a que otras personas nos juzgaran…

La verdad es que todos sentimos lo mismo, pero todos lo ocultamos.

 

Nosotros Somos Águilas!

 

Había una vez un campesino que fue al bosque vecino, a atrapar un pájaro para tenerlo cautivo en su casa.

Consiguió cazar un pichón de águila.

Lo colocó en el gallinero, junto con las gallinas.

Comía mijo y la ración propia de las gallinas.

Aunque el águila fuera el rey o la reina de todos los pájaros.

Después de cinco años, este hombre recibió en su casa la visita de un naturalista.

Mientras paseaban por el jardín, dijo el naturalista:

-Este pájaro que está allí no es una gallina, es un águila.Pichón de Aguila

-De hecho -dijo el campesino- es águila.

Pero yo lo crié como gallina. Ya no es un águila.

Se transformó en gallina como las otras, a pesar de las alas de casi tres metros de extensión.

-No –retrucó el naturalista.

Ella es y será siempre un águila ya tiene un corazón de águila.

Este corazón la hará un día volar a las alturas.

-No, no –insistió el campesino.

Ella se convirtió en gallina y jamás volará como águila.

Entonces, decidieron hacer una prueba.

El naturalista tomó el águila, la levantó bien en alto y, desafiándola, le dijo:

-Ya que tu eres de hecho un águila, ya que tu perteneces al cielo y no a la tierra, entonces, ¡abre tus alas y vuela!

El águila se posó sobre el brazo extendido del naturalista.

Miraba distraídamente alrededor.

Vio a las gallinas allá abajo, picoteando granos.

Y saltó junto a ellas.

AguilaEl campesino comentó:

-Yo le dije, ¡ella se convirtió en una simple gallina!

-No –insistió el naturalista. Ella es un águila. Y un águila será siempre un águila.

Vamos a experimentar nuevamente mañana.

Al día siguiente, el naturalista subió con el águila al techo de la casa. Le susurró:

-Águila, ya que tu eres un águila, ¡abre tus alas y vuela!

Pero, cuando el águila vio allá abajo a las gallinas, picoteando el suelo, saltó y fue junto a ellas.

El campesino sonrió y volvió a la carga:

-Yo le había dicho, ¡ella se convirtió en gallina!

-No –respondió firmemente el naturalista.

Ella es águila, poseerá siempre un corazón de águila.

Vamos a experimentar todavía una última vez.

Mañana la haré volar.

Al día siguiente, el naturalista y el campesino se levantaron bien temprano.

Tomaron el águila y la llevaron afuera de la ciudad, lejos deAguila Real

las casas de los hombres, en lo alto de una montaña.

El sol naciente doraba los picos de las montañas.

El naturalista levantó el águila al cielo y le ordenó:

-Águila, ya que tu eres un águila, ya que tu perteneces al cielo y no a la tierra, ¡abre tus alas y vuela!

El águila miró alrededor.

Temblaba como si experimentase una nueva vida.

Pero no voló.

Entonces, el naturalista la tomó firmemente, bien en dirección del sol, para que sus ojos pudiesen llenarse de la claridad solar y de la vastedad del horizonte.

En ese momento, ella abrió sus potentes alas, graznó con el típico kau, kau de las águilas y se levantó, soberana, sobre sí misma.

Y comenzó a volar, a volar hacia lo alto, a volar cada vez más alto.

Voló… voló… hasta confundirse con el azul del firmamento…”

 

 

Conclusión:

“Nosotros fuimos creados a imagen y semejanza de Dios.

Pero hubo personas que nos hicieron pensar como gallinas.

Y muchos creen que somos efectivamente gallinas.

Pero nosotros somos águilas.

Por eso, abre las alas y vuela.

Vuela como águila.

Jamás te contentes con los granos que te arrojen a los pies para picotear.”

 

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