Cómo Ser El Creardor De Tu Vida

De Dónde Vienen Los Pensamientos y Que Hacer Con Ellos

Quienes somos y en quienes nos convertimos, dependen de los pensamientos que persistentemente tenemos.

Dado que son tan importantes e influyentes en el desarrollo – o el retraso en el crecimiento – de nuestras vidas, nos plantea la pregunta: “¿De dónde vienen nuestros pensamientos?

El hecho de que los seres humanos somos capaces de pensar, plantea algunas preguntas adicionales intrigantes. ¿Hasta qué punto el pensamiento está bajo el control del pensador? ¿El acto de pensar está bajo la sola discreción del que está haciendo el pensamiento? ¿Son los pensamientos la expresión única, de la involución pura de la mente individual o hay otros factores en juego?

Cada ser humano adulto, experimenta la vida dentro de dos reinos distintos, que juntos comprenden y definen la realidad personal.

 

Los Dos Reinos de la Realidad

El Primer Reino:

El cuerpo: este contiene el cerebro y su capacidad de pensar reflexiva.

La vida misma para cada ser vivo, existe sólo en términos de una presencia física única.

Desde esta perspectiva, no puede haber manifestación desencarnada de la vida. En este reino, experimentamos la vida en términos personales y subjetivos. Nuestros cuerpos limitan, pero al mismo tiempo enfocan nuestras experiencias de vida.

Estamos literalmente en el centro del universo – nuestro universo – porque nuestra presencia física, nos coloca necesariamente en medio de todo lo que nos rodea, sin importar dónde estemos. Esto tiene un impacto significativo en cómo pensamos, de nosotros mismos y del mundo que nos rodea.

Segundo Reino:

La vida humana existe dentro de múltiples contextos sociales.

Este es el segundo reino dentro del cual todos vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser. Lo que pensamos de nosotros mismos se forma en cierta medida, por lo que pensamos que otros piensan de nosotros.

Cada uno de nosotros, está equipado con un subconsciente “radar” que constantemente envía señales, tanto visibles e invisibles, que “rebotan” en lo que está a nuestro alrededor, especialmente a otras personas.

Específicamente, estamos buscando señales positivas que nos aseguren, que estamos siendo tomados en serio, apreciados y respetados por los que nos rodean. Pero también estamos muy en sintonía con las “vibraciones” negativas, que en algún momento detectamos de otros, que las emiten en nuestra dirección.

Tomamos la mayoría de nuestras señales utilizándolas sobre cómo actuar, y cómo vernos desde los diversos paisajes sociales, en los que nos encontramos a lo largo de nuestras vidas.

 

Las Condiciones Públicas y Privadas del Pensamiento

Cuando estamos en público, nos comportamos de una manera en la que pensamos, que otros aprobarían y tal vez incluso admirarían.

El entorno social que nos rodea en cualquier momento, es el escenario mental del que surgen los pensamientos y se toman decisiones, sobre cómo dirigir y actuar sobre ese entorno.

La imagen que tenemos de nosotros mismos es en gran medida una construcción social, cuya realidad emerge de cómo percibimos los ambientes externos específicos, en los que nos encontramos y sus necesidades de actuar de cierta manera aceptable.

Sin embargo, al igual que los pensamientos provienen del entorno social que nos rodea, cuando estamos en público, también, los pensamientos que surgen de un lugar dentro de nosotros no siempre están bajo nuestro control.

 

Pensamiento y Acción

Pensar y reflexionar, es lo que hace el cerebro. Reflexivamente mantiene y protege el cuerpo, sin el cual no podría sobrevivir. Esta actividad cerebral involuntaria es una forma de pensar, aunque a nivel subconsciente.

Todas las formas de pensamiento, incluso el pensamiento reflexivo consciente, no son más que la energía eléctrica y química, combinadas y organizadas de ciertas maneras.

Lewis Carroll

Los pensamientos no significan nada en sí mismos.

El escritor Lewis Carroll, que entre sus obras más conocidas está “Alicia en el País de las Maravillas”. Proclama en uno de sus libros:

“Cuando uso una palabra, significa exactamente lo que digo que significa: nada más, nada menos. Lo mismo es cierto para los pensamientos: sólo significan lo que el pensador piensa que significan – nada más, nada menos”.

El pensamiento no se traduce automáticamente en acción. Para activar el poder potencial que cambia la vida de tus pensamientos, necesitas hacer más que pensar.

Tienes que elegir hacer algo con lo que piensas. Necesita poner tu cuerpo en movimiento de una manera que facilite la realización de sus pensamientos.

Poner tus pensamientos en palabras y expresarlos verbalmente, es un acto de intencionalidad. Escoger escribir, es otra acción que traduce el pensamiento en expresiones tangibles.

El elegir hacer algo que resulta un cambio en un entorno físico, es un acto adicional de la voluntad de manifestar pensamientos invisibles, en el mundo externo.

 

La Motivación Para Actuar Sobre Tus Pensamientos

¿Qué motiva al pensador a actuar sobre el pensamiento y a traducirlo en realidad?

Los motivos para actuar no se encuentran dentro de los propios pensamientos. Los pensamientos son simplemente actividad mental. Son simplemente fragmentos de datos subjetivos.

Para ayudarnos a responder a esta pregunta, necesitamos entender el proceso que el cerebro pasa para determinar si actuar o no, en un pensamiento consciente.

En el camino del pensamiento a la acción hacia la realidad, el cerebro es objetivo convirtiéndose en un observador, así como en el iniciador de este proceso. Esta objetivación provee un sentido interno del Yo, que examina de manera desapasionada y silenciosa el pensamiento de uno, y presiente los pensamientos resultantes como algo distinto del Yo pensante.

Este proceso de objetivación innato e instantáneo, nos permite elegir hacer algo – o nada – con los pensamientos que entran en nuestra mente, desde cualquier fuente y por cualquier causa. Esta es la cumbre del pensamiento reflexivo.

El cerebro produce pensamientos como resultado de estímulos físicos, pero la mente determina cómo el cerebro debe interpretar y tratar esos pensamientos. ¿Deben actuar? ¿Deben continuar pensando? ¿Deberían ser considerados como sin importancia y descartados?

El Yo pensante observa el proceso de pensamiento, evalúa el significado y el potencial de los pensamientos resultantes, y elige qué hacer.

La elección es la fuente de motivación para actuar sobre los pensamientos. La elección es el acto de asumir la responsabilidad por los resultados materiales, de los pensamientos que pensamos.

Si estuviéramos predestinados a pensar los pensamientos que tenemos y actuar, de la manera en que lo hacemos, no tendríamos ninguna motivación para ver la oportunidad y el potencial en nuestro pensamiento, o cualquier incentivo para asumir la responsabilidad de convertir nuestros pensamientos en realidad.

 

Resumen

¿De dónde vienen tus pensamientos?: Vienen de lugares que son difíciles de identificar con precisión. Pueden ser generados a partir de estímulos externos o de procesos biológicos y fisiológicos internos.

También pueden provenir de la propia estructura del cerebro y de la propia voluntad del pensador. Dondequiera y cuando surgen, los pensamientos son la materia prima para la elección por parte del pensador.

La elección determina la acción y la acción determina el resultado.

 

 

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